domingo, 19 de junio de 2011

Día de la bandera de Entre Ríos

Descubriendo Entre Ríos

Tres días de junio ligados por José Artigas y Manuel Belgrano

Por Tirso Fiorotto.

Desde hace un par de años el Consejo General de Educación manda recordar la Bandera Nacional y la Bandera Federal los días 19 y 20 de Junio; y el 29 se impone solo, por el Congreso de Oriente.

¿Qué significa, qué sentido tiene que enarbolemos esta bandera azulceleste y blanca, cruzada de rojo?

Un 19 de Junio nació José Gervasio Artigas, que sería el más leal Jefe de los Pueblos Libres, y para identificar a estos pueblos libres ante el mundo nos dio una bandera de tres colores. Transitamos ya el tercer milenio, y las luces que encendió Artigas siguen alumbrándonos el camino.

Por eso vale la pena que miremos de nuevo la banda roja, y que nos cuente su historia.

Es una historia de sangre, es cierto, pero no para asustarnos. Si la bandera fue chorreada de sangre, desde entonces jamás podrá pasar inadvertida. Si encarna la vida de los sudamericanos, ese símbolo compromete.

Eso que a primera vista parece un trapo nomás, cuando miremos más hondo, con los ojos del corazón y de la conciencia política, veremos que nos contiene a todos, sin diferencias, a todos nosotros. Entonces la bandera, más que un trapo es un espejo.

UN DÍA DE 48 HORAS

¿Qué nos dice este espejo de los entrerrianos ante todos los pueblos? ¿Qué estamos diciendo nosotros, al agitar la Bandera Federal?

Un grupo de docentes de María Grande propuso que el 19 de Junio no sólo recuerde la gesta del pueblo sudamericano con Artigas al frente, en homenaje al nacimiento del prócer, sino que también sea el 19 de Junio el Día de la Bandera de Entre Ríos, o más precisamente el Día de la Bandera Federal de los Pueblos Libres.

Qué buena onda. Ya sabemos: el 20 de Junio le cantamos a la Bandera Nacional Argentina, porque un día así de 1820 murió en la pobreza Manuel Belgrano, un patriota que reunió todas las virtudes y padeció todos los olvidos.

Un 19 de Junio de 1764 vio la luz José Artigas, el padre de los principios fundacionales de la nación: la libertad, la independencia, la división de poderes, el federalismo, la igualdad, la distribución de riquezas, la intransigencia ante los imperios, la dignidad de los pueblos, la promoción de los más infelices, el no dejarse arrear con promesas falsas, el estar alerta ante las trampas del discurso.

Entonces, juntar esas dos fechas resulta una feliz coincidencia.

Si algo nos faltaba para completar un sello sudamericano, era ensamblar la Bandera Federal con la Bandera Nacional, enlazar el 19 y el 20 de Junio, dar a Artigas y a Belgrano un solo día, una jornada de 48 horas; ver en esos dos nombres una sola nación que tiene nombre: esa nación se llama Sudamérica.

Pero nos preguntábamos recién qué nos dice la banda roja. Qué nos dice “La roja veta diagonal que sangra”, como escribió Juan Zorrila de San Martín.

¿QUÉ NOS DICE?

Lo primero que escuchamos de esta banda roja es la palabra amistad, la palabra hermandad. Porque varios pueblos vecinos, en este pedazo del planeta, nos reconocemos en ella y diríamos con Delio Panizza: “es un himno de llamas dividiendo en diagonal un cielo azul y blanco”.

Cómo no repetir con el poeta: “Dice Federación esa bandera sesgada por un rayo”.

Y es que, si de corazón alzamos la banda roja, jamás podremos aceptar la división de estos pueblos, ni el centralismo; nunca la organización unitaria, de ninguna manera la concentración del poder.

Banda roja es soberanía de las provincias, soberanía local; es embeber a las instituciones en aquel antiguo axioma sudamericano “naide es más que naide”. O dicho de otra manera: igualdad de oportunidades para las regiones, para las provincias, para las ciudades; igualdad de oportunidades para los jóvenes, para los sudamericanos.

¿Qué nos dice la banda roja? Nos dice independencia, soberanía, porque esta franja expresa el espíritu de los primeros que, tras Mayo de 1810, se negaron a obedecer a los reyes europeos; los que exigieron (sin éxito) la declaración de la independencia ya en 1813, en las Instrucciones.

Y esa banda roja nos dice también república. Eso significa que si la enarbolamos de corazón es porque no aceptamos que nos ensucien la república, la división de poderes de verdad, el derecho a una justicia que no se incline ante el poder partidista o económico, el derecho a tener como jueces a las mujeres y los hombres probos, incorruptibles.

El sentido es serio entonces, y nos interpela a todos. No es para mirarlo desde el interés personal o sectorial, desde las ambiciones del día, las menudencias, nada de eso, la banda roja está más allá de apetencias y egoísmos, nos convoca desde otra dimensión.

¿Y dice algo más? Claro que sí, porque expresa la dignidad y los derechos de los pueblos originarios. Entonces uno no puede izar la banda roja sin jurar respeto y agradecimiento, y sin un profundo sentido de arrepentimiento y compromiso reparador, por los maltratos y las humillaciones que sufrieron los pueblos conquistados. Sin espantarnos de la servidumbre a que se ven reducidos todavía hoy y aquí tantos hermanos nuestros, y espantarnos de las discriminaciones negativas.

Tampoco podemos izar la banda roja sin la conciencia plena de las ofensas que debieron soportar las mujeres y los hombres traídos del África, esa madre despojada, y los hijos de esos indios y negros y europeos, que llamamos gauchos, criollos.

Cuántos europeos llegados hace un siglo y pico, en otra inmigración masiva, tomaron como propios los valores de la banda roja y sufrieron también, como los hijos de la tierra, ese flagelo tan naturalizado llamado expulsión, destierro.

Todos ellos somos nosotros. Por nosotros se pone más colorada la banda roja. En nosotros pensó primero José Artigas cuando repartió tierras, con la convicción de que los más infelices debían ser los más privilegiados, y en nosotros pensó cuando buscó una extensión generosa de territorio en Arerunguá para permitir que el charrúa pudiera desarrollarse en paz.

Vistas las cosas desde este tiempo, al alzar la banda roja nos comprometemos con reformas, con reformas financieras para dar oportunidades, reforma agraria para permitir a las familias un desarrollo, reformas por organizaciones solidarias, comunes. Reforma al fin.

SIEMPRE VUELVE

¿Cómo entender ese slogan, “Artigas siempre vuelve”, acuñado por los artiguistas entrerrianos? En principio hay que decir que los fundamentos de aquellos visionarios retornan con cada banda roja que izamos.

Pero también es importante entender que con el paso de casi dos siglos, existen muchos aspectos de nuestra sociedad, nuestra economía, nuestra cultura, que fueron cambiando y que hoy no podrían comprenderse con parámetros de aquellos años 1810, 1813, 1815.

Por ejemplo, en aquella época no existían masas de obreros en las fábricas, no existían las comunicaciones digitales de hoy, no existían los aviones, la guitarra eléctrica, el MP4. Nada de eso. ¿Entonces qué tiene para decirnos hoy Artigas, que parece tan del pasado? Lo que tiene para nosotros son los principios, que no cambian con el paso del tiempo.

Hoy la palabra independencia debe interpretarse conociendo el poder de las multinacionales, por caso; la palabra federación se entiende en las discusiones por la coparticipación, la palabra dignidad se entiende comprendiendo la situación de los indigentes y de los desnutridos y de los que no tienen precio, y se entiende en el necesario destierro de los sistemas de compra de conciencia y los clientelismos varios.

Está claro, la banda roja no es para flojos, conformistas, resignados. No. El compromiso se explica sabiendo qué lugar darle a la diversión, al entretenimiento, y qué lugar a las responsabilidades, al estudio en nuestro caso. Igualdad podría llamarse distribución de riquezas, respeto a los que menos tienen, oportunidad para todos.

Si Artigas supo descubrir y enfrentar tantos engaños de aquí y de allá, esa misma actitud nos sirve hoy para estar atentos ante las tretas siempre cambiantes del poder, las mañas de los poderosos, sean de Buenos Aires, Montevideo, Paraná, Santa Fe... Si él supo caminar junto a sus hermanos, y durmió en sus mismos toldos, cuánto dice esa actitud a los gobernantes de hoy. Si él resistió con fuerza y organización, si supo levantarse de cada tropiezo, cuánto sigue diciendo Artigas a los pueblos de hoy que izamos la banda roja.

El mundo cambió, pero la banda roja nos sigue pintando igual, o mejor que antes, nos sigue marcando y señalando el camino. Mientras unos pocos se queden con lo que a otros les falta, la banda roja nos recordará que está hecha de sangre, que la Bandera Federal no se mancha, con ella no se juega, ella no nació para el turismo, para la foto, para que el paisaje resulte pintoresco.

Como la república y el federalismo no nos fueron dados para restringirlos a letra muerta en la Constitución. No, Artigas estaba muy prevenido de farsantes y ese también es un legado, el advertimiento, que recibimos con la banda roja.

HACIA EL FUTURO

Vista así, la banda roja es más futuro que pasado. El tiempo, lejos de desteñirla, le impregna más color.

En años de José Artigas no existían los problemas ambientales que se nos plantean hoy, pero la banda roja es hondamente aborigen y el indígena sudamericano tiene en su cosmovisión la relación armoniosa con la naturaleza, de modo que la Bandera de los Pueblos Libres conversa con el monte, con el río limpio, con los pastizales, los pájaros, el aire puro, la vida, no con el ruido, el humo, la contaminación.

Si hoy se presenta un problema en la “frontera” entrerriano oriental, por caso, la banda roja nos dirá que no reconoce límites allí, y el mensaje es tan obvio que apenas si requiere explicación. En tanto alcemos una banda roja las posibilidades de distanciamiento entre hermanos no serán escasas, serán nulas. Es posible que en las grandes capitales herederas de sistemas coloniales y engreídas entiendan poco estos sentidos, pero felizmente no es nuestro caso.

Como vemos, resulta bastante sencillo, con honestidad, traducir los sentidos universales de la banda roja ante los problemas propios de esta época.

Por supuesto, nos quedan mil reflexiones que surgen solas cuando miramos la banda roja. Pero esa feliz coincidencia de fechas del almanaque en una Fecha con mayúsculas, el 19 y 20 de Junio, no es para que evoquemos los símbolos con tristeza o desazón, y menos con resignación: Artigas y Belgrano son la prueba más nítida de que se puede servir al pueblo con una sonrisa, y que las fechas patrias no sólo se recuerdan sino que se festejan.

El 20 de Junio recuerda por caso la muerte de Belgrano, pero no podemos caer en la tontería de no festejar por eso a la Bandera y a Belgrano. Porque en el mismo instante en que no podamos celebrar a Belgrano, deberemos replantearnos entonces esa tendencia a inmortalizar las necrológicas.

No, con todo el respeto por la muerte, con la admiración por la muerte digna en la pobreza, celebramos, aplaudimos, festejamos a Belgrano, lo mismo que a Artigas, y en sus personas cantamos himnos en verdad a los procesos que ellos encarnan, los principios que simbolizan.

Hoy para nosotros es motivo de celebración que los sudamericanos, sin distinciones, nos pongamos como meta la unidad; las naciones que componemos este continente, desde la creativa Chiapas y la alentadora Bolivia multicolor, hasta la usurpada Malvinas. Y si algo simboliza esa unidad con sentido, desde aquel hondo abrazo protector que constituyó la Liga de los Pueblos Libres, ¿no es la banda roja?

Si vamos a izar la Bandera Federal, como dicen los docentes de María Grande, que suenen los parches entonces para levantar nuestra banda roja sudamericana, pero que sea entera. Que este 19 de Junio, Artigas, como dicen, vuelva entero. Al fin y al cabo, “con libertad no ofendemos ni tememos”.

EL CONGRESO DE ORIENTE

El 29 de junio es el Día de la Independencia, por los hechos históricos que protagonizó este pueblo de Sudamérica en Concepción del Uruguay, cuando empezaba el invierno de 1815.

Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Banda Oriental, la Liga de los Pueblos Libres, celebramos por eso el Día de la Independencia un año antes que el resto del territorio argentino.

No son fechas opuestas, son complementarias. Aunque es cierto que la independencia federal, republicana, distributiva, se expresó más en tierras del litoral, porque en otras regiones los dirigentes buscaban un rey, pregonaban la organización unitaria, no mostraban planes acabados de distribución de tierras y tampoco integraban a la sociedad en su conjunto (con indios y africanos) como ocurrió en la revolución federal.

Dice el estudioso Jorge Villanova: “es cierto que no se conservan todas las actas, que se han extraviado, y es probable que nunca aparezcan, pero se sabe, por ejemplo, que el diputado por Santa Fe arribó con instrucciones muy similares a las rechazadas en el año 13. Repasemos la primera de ellas: ‘Primeramente pedir la declaración de la independencia absoluta de éstas colonias, que ellas están absueltas absolutas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y Familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el estado de la España, es y debe ser totalmente disuelta’“.

“Es cierto, nada prueba que las hayan tratado, pero nada nos hace pensar lo contrario. Y será casi un año después, en julio del 16, cuando el otro Congreso, el de Tucumán, delibere declarándonos ‘nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli’, al mismo tiempo que los portugueses arrasan con nuestra Banda Oriental con el aval de Buenos Aires. ‘Por no confesar que los portugueses ocupaban tranquilos el suelo argentino, Buenos Aires prefería olvidar que la Banda Oriental era provincia argentina’, señala Alberdi”.

“Enterado del hecho el mismo José Artigas -añade Villanova-, el 24 de julio de 1816 se comunica con el Director Pueyrredón: ‘Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento’. En buen romance le está señalando: ¿Independencia? Nosotros, entre guerra y guerra, ya la declaramos. Ustedes. ¿Por qué tardaron tanto, ustedes?”.

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